Las cuatro especies: un ‘mapa de la personalidad’ de Sucot

25/Sep/2026

Aish Latino- por Devora Levy

 

 

Hoy, al caer el sol, comienza Sucot, la festividad de la alegría y del encuentro. Las cuatro especies —lulav, etrog, hadasim y aravot— nos recuerdan que cada persona aporta algo diferente: lógica, corazón, curiosidad y capacidad de comunicar. Solo cuando esas diferencias se unen se alcanza una verdadera armonía y una comunidad más completa. ¡JAG SUCOT SAMEAJ!

 

Descubre cómo las cuatro especies reflejan la lógica, el corazón, la curiosidad y la expresión, recordándonos que la verdadera unidad surge al entrelazar nuestras diferencias.

 

Sucot es una festividad llena de alegría, gratitud y conexión, y viene acompañada de una de las mitzvot visualmente más llamativas del judaísmo: las cuatro especies. Cada año, cinco días después de Iom Kipur, reunimos el lulav (rama de palmera), el etrog (cidro), los hadasim (mirto) y las aravot (sauces), y los agitamos en todas las direcciones.

 

Las Cuatro Especies son un profundo espejo de nuestras propias personalidades y de las personas que nos rodean, ya que cada una representa una clase diferente de persona y una parte diferente de nosotros mismos.

 

Lulav – el pensador

 

Alto, recto e inflexible, el lulav es el lógico. Como una columna vertebral que mantiene unido al cuerpo, estos pensadores planifican, construyen y crean orden en medio del caos. Son quienes resuelven problemas, quienes hacen planillas de cálculo, quienes nivelan las paredes de la sucá dos veces solo para asegurarse de que estén firmes. Mantienen las cosas estables cuando todo lo demás parece tambalearse.

 

Etrog – el corazón

 

Con forma de corazón y resplandeciente de vitalidad, el etrog representa a las personas emocionales y apasionadas que forman parte de nuestras vidas, y también esa parte de nosotros mismos. Son quienes conectan a las personas, quienes se preocupan profundamente, aman abiertamente y nos recuerdan por qué las relaciones son importantes. Son los amigos que aparecen con una sopa cuando estás enfermo o los que se emocionan hasta las lágrimas en una boda. Su calidez llena la vida de significado.

 

Hadasim – el explorador

 

Se dice que las pequeñas hojas del mirto se parecen a los ojos, siempre buscando, siempre curiosos. Esto son los buscadores: los que hacen preguntas, los que aprenden, los que profundizan bajo la superficie para comprender el mundo en toda su complejidad. Son las personas que preguntan «¿Pero por qué?» en la mesa de Shabat, o que se sumergen en libros e ideas, nunca satisfechas con respuestas superficiales.

 

Aravot – el comunicador

Las ramas suaves y flexibles del sauce tienen que ver con la expresión. Son los narradores y quienes conectan a las personas, aquellos cuyas palabras unen a la gente y cuyas ideas cobran vida solamente cuando se comparten. Es el amigo que mantiene activo el grupo de chat, el familiar que inicia los cantos en la sucá, la persona que se asegura de que nadie se sienta excluido.

 

Un mapa de la personalidad

 

Olvídate de los cuestionarios de BuzzFeed: el judaísmo ya tenía su propio y antiguo test de personalidad. El Midrash (Vaikrá Rabá 30:12) enseña que cada especie corresponde a una parte del cuerpo: el lulav a la columna vertebral, el etrog al corazón, los hadasim a los ojos y las aravot a los labios. Juntas, simbolizan a la persona completa al servicio de Dios.

 

Las especies también representan diferentes clases de judíos. Algunos brillan en el estudio de la Torá, otros en los buenos actos; algunos irradian una fe profunda, otros expresan sinceridad mediante acciones sencillas. La mitzvá no consiste en agitarlas por separado, sino en unirlas. ¿Por qué? Porque ningún judío está completo sin los demás.

 

Y a nivel personal, las Cuatro Especies nos recuerdan que ninguno de nosotros es unidimensional. Todos somos una combinación de lógica, corazón, curiosidad y comunicación. Reconocer esto no solo nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos, sino que también nos enseña a valorar a las personas que nos complementan con aquello que a nosotros nos falta.

 

Unidad en la diversidad

 

La magia de esta mitzvá es que nunca agitamos estas especies por separado. Cada una tiene su función, y solo juntas crean armonía. Pensemos en una comida de Sucot: el planificador que organiza dónde se sentará cada uno (lulav), la persona de corazón cálido que llena la mesa de calidez (etrog), el explorador que despierta conversaciones profundas (hadasim) y el comunicador que mantiene fluyendo las historias (aravot). Por separado, cada uno está incompleto. Juntos, hacen que la noche cobre vida.

 

Este Sucot, al agitar el lulav y el etrog, deja que sea un recordatorio de que la vida (y las personas) son maravillosamente complejas. Celebra tu propia combinación de lógica, corazón, curiosidad y expresión. Valora a quienes te rodean y que aportan cualidades que a ti te faltan.

 

Y recuerda: la unidad no surge de que todos seamos iguales, sino de entrelazar nuestras diferencias.